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Cada día es más intensa la opinión pública y publicada que pide la sustitución de los actuales actores políticos por otros que sepan desbloquear la situación del país para ofrecerle un nuevo gobierno. Y no les falta razón.

Los argumentos que se suelen exponer en defensa de unas y otras opiniones sobre el color que debiera tener el futuro gobierno son bastante alambicados, y parecen contradecir el mandato general de las urnas.

El Presidente del Gobierno en funciones, Mariano Rajoy, ha recibido un respaldo minoritario del pueblo superior al del 20 de diciembre, pero sigue sin conseguir ahormar una mayoría suficiente. Su responsabilidad es presentarse ante la Cámara con la mayoría que convierta prácticamente en incuestionable su investidura, o la de otro miembro de su partido, si fuera menester.

Al otro lado de la escena, la confusión es absoluta. Algunos dicen que hay que votar que no a la formación de un gobierno del PP, pero que no se deben repetir las elecciones en ningún caso. Decidme cómo se conjugan estos tiempos porque no lo alcanzo a comprender. En el fondo, hay una falta de autenticidad y un apego al regate corto y a la trampa que nos lleva a desconfiar a perpetuidad de los que siguen esta línea de argumentación. La sinceridad debe ser un valor que cotice al alza en la política, y no tenemos políticos sinceros.

Otros jalean al representante del PSOE para que no consienta un gobierno indecente de España, presidido por el “recortador” de derechos y libertades, el Presidente Rajoy. Olvidan que el pueblo ha reforzado el mandato de Rajoy para que forme gobierno, aunque todavía sea insuficiente, y ha otorgado una confianza mayoritaria a los partidos que conforman el bloque de la derecha. Hay quién se lleva las manos a la cabeza por esta decisión de los electores, y no se plantean si la derecha tenía rival consistente en estos comicios: puede que Rajoy no tuviera nada sólido con lo que enfrentarse, y esta es realmente la tragedia de la izquierda española, sin liderazgo, sin proyectos creíbles, fragmentada y dividida. No volquemos la culpa sobre el electorado…

Los que claman por la gesta de decencia del PSOE no explican sus dificultades. El pacto de PSOE, Ciudadanos y Podemos fracasó en la anterior edición de esta comedia, y no sé por qué iba a salir adelante ahora. Y el gobierno del PSOE con Podemos y los nacionalistas e independentistas hubiera sido posible hace veinte años, pero no ahora, por la deriva de la política catalana.

El gobierno de la próxima legislatura, si llega a existir, residirá en el Parlamento: todo deberá pactarse con base en las más diversas combinaciones según los temas. Por tanto, la resistencia a la formación de un gobierno para España no puede explicarse sino en términos de los costes de oportunidad de apoyar a un gobierno del PP. Como propuse tras el 20-D (aquí), conviene que los principales actores se repartan ese  coste, y bien en forma de abstención colectiva, o de voto afirmativo, den paso a la formación del gobierno en España, con un paquete inicial de reformas que necesita el país pactadas a dos años vista.

Sinceramente, creo que este es el camino, y que en su recorrido nadie debiera ser imprescindible. El PSOE debe estar en la oposición, y preparar un nuevo proyecto político, con nuevas referencias personales, tras sus Congresos. Y debe saber marcar con extraordinario rigor el límite entre lo que debe ser poner el país en funcionamiento y su referencia como principal partido de la oposición. No se puede ir más allá porque las experiencias europeas son aterradoras, y el pueblo no debe perder las referencias entre la derecha y la izquierda, que es el PSOE, según han recordado los electores tras las elecciones.

A lo mejor nos sirve de guía la experiencia de 1996. Entonces, por un margen pequeño de votos, el PSOE perdió las elecciones generales. El PP no tenía mayoría suficiente para gobernar, y Felipe González pudo haber convocado a las fuerzas del bloque constitucional (entre las que nunca estuvo el PP) para impedir el gobierno de la derecha en España. No lo hizo, captó el mensaje de los ciudadanos, era la hora de pasar a la oposición y hacer los relevos pertinentes en el PSOE, que hizo bien sus deberes, tras una travesía corta, en términos históricos, del desierto, y nos trajo al Presidente José Luis Rodríguez Zapatero, que por cierto, dijo aquello tan atinado de que nunca gobernaría si no tuviera un voto más que la derecha. ¿Consagraron los dos ex Presidentes socialistas un uso Constitucional de que solamente el Partido más votado podría formar gobierno en España?

 

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Conforme pasen los años, una inmensa mayoría de la población vivirá en las grandes ciudades. Responder a este reto con creatividad es uno de los temas relevantes del mundo actual.

De un lado, cabe que las ciudades nos las construyan los mercados, o las alianzas de los grandes poderes económicos. Detesto esta opción, porque, de otra parte, es posible que las grandes ciudades diseñen políticas para atraer y generar recursos humanos cualificados, clave de la prosperidad en el siglo XXI.

Preparar las ciudades para la conectividad, para las oportunidades profesionales, para un ambiente de innovación, con excelsas infraestructuras educativas, con opciones residenciales, con equilibrio social y seguridad ciudadana, mimando los paisajes y la calidad de los espacios urbanos: tales son las señas de la competitividad de las futuras ciudades.

Al comprobar el tamaño de los desafíos con la gestión del Ayuntamiento de Madrid por la alcaldesa Carmena, la decepción es mayúscula. Ha pasado ya más de un año desde la llegada al gobierno de Ahora Madrid y la ciudad, por primera vez, genera menos empleo que en el resto de los municipios de la Comunidad de Madrid. No existe plan de turismo, con grave merma del mismo. No hay plan industrial, y por tanto poca perspectiva de generación de empleo de calidad. No tiene política sobre el sector de los servicios profesionales, de un enorme impacto en la ciudad. No se dispone de una aproximación diversa y creativa a la cultura en la ciudad, más allá del vestuario de unos Reyes Magos que tan aireada y exagerada reacción provocó en algún miembro del PP: “no te lo perdonaré jamás Manuela Carmena…”

La Alcaldesa no tiene un plan para Madrid, y lo que es más grave, estamos perdiendo el tiempo para competir con nuestros rivales: Londres, París, Berlín, Roma.

Sin embargo, lo que sí tiene son ocurrencias que pueden poner en peligro el Estado de Derecho. Pone los pelos de punta su policía comunitaria, una estructura política, judicial y social paralela. Estremece su gestor de barrio, una suerte de comisario político nombrado por el ayuntamiento, que recuerda a aquellos personajes vestidos de negro de la película del Dr. Zhivago que impidieron su amor con Lara; o a los Comités de Defensa de la Revolución cubanos. Alguna explicación merece este asunto, que seguramente se ha contado mal. Aunque llueve sobre mojado, porque su compañero Pablo Iglesias quería montar otra gestapillo como vicepresidente del malogrado gobierno: ¡espías, jueces y fiscales bajo su dirección para perseguir a los corruptos y maleantes! Si hay algo que preocupa sobremanera de Podemos es su inexistente relación con el Estado de derecho.

El PSOE no puede ser cómplice de este gobierno municipal ni un minuto más. No puede asumir con su apoyo todo este disparatario y sobre todo, y lo que es más importante, la parálisis de Madrid. ¡Se acabaron los complejos! Los ciudadanos han sancionado que el PSOE es su instrumento desde la izquierda. Tiene programa, buenos gestores y gente eficaz que sabe lo que hace. Madrid no puede ser esclava de la bisoñez de Ahora Madrid. Es el momento de que Madrid tenga un Gobierno socialista.

La viñeta de la semana es para Puebla. La Sra. Alcaldesa de Madrid no es que tenga averiado el “ocurrenciador”, lo que le sucede es que no tiene proyecto ni gobierno.

 

viñeta nieto

La verdad es que el resultado electoral del pasado 26 de junio ha sido para muchos estupefaciente. Tan gran sorpresa, sin duda, vino por las predicciones de las fallidas encuestas, que han provocado un sofoco que dista mucho de apaciguarse. Bajan las aguas revueltas en la izquierda roja y morada, así como en la derecha naranja, mientras que la derecha azul tiene motivos para estar feliz. En efecto, han conseguido sus objetivos al dejar al PSOE tiritando, y al aupar y defenestrar, al mismo tiempo y sin solución de continuidad, a Podemos y a IU. Los chicos de naranja han quedado prácticamente hundidos.

¿Qué puede hacer el PSOE en estos momentos? Pasar a la oposición y refundarse en un Congreso que se celebrará cuando decidan los órganos competentes del Partido. Entretanto corresponde al Presidente Rajoy la iniciativa para formar gobierno. En ese trámite no necesita, en ningún caso, al PSOE, puesto que puede lograr una mayoría. No cabe plantearse, desde luego, coalición alguna con los populares, y sólo en última instancia, si fracasaran los intentos para formar gobierno de Rajoy, y con la finalidad de evitar la repetición de unas terceras elecciones generales, cabría plantear una abstención del PSOE previo pacto de un programa de rescate social y de abolición de la pobreza. La abstención y el aludido programa deben ser refrendadas por las bases del Partido Socialista.

Mientras suceden estas cosas, que tiempo habrá de debatirlas, el PSOE debe prepararse para su refundación, que puede girar sobre la base de tres ejes, o la Teoría de las tres “ts”:

TALENTO

Hay un serio problema de liderazgo en la organización, que suele ser incapaz de seleccionar a los mejores para ocupar los puestos de referencia. Aunque el Partido ha atravesado una situación delicada después de la derrota electoral de Rubalcaba, cuando ha elegido buenos líderes ha contenido y mejorado los resultados electorales.

Creo que el ejemplo más claro es el de Ángel Gabilondo en la Comunidad de Madrid. Retuvo la segunda plaza para el PSOE, subió el peso electoral del Partido y se quedó a un paso de presidir la Comunidad de Madrid. Sus 800.000 votos de mayo de 2015 contrastan abiertamente con los 650.000 votos de Pedro Sánchez en la Comunidad de Madrid en diciembre de 2015. El liderazgo moviliza y Gabilondo fue capaz de atraer un voto muy transversal hacia el Partido Socialista.

Sigo creyendo que la mejor forma de elección de los candidatos socialistas deben responder a un modelo muy abierto de organización, el de las primarias abiertas, que, por cierto, nunca se ha aplicado. Pero también todos nos conocemos y debemos empujar a los que tienen talento para dar el paso, y desanimar a los que tienen virtudes para hacer otras tareas también importantes en la organización.

Un partido abierto y flexible debe atraer talento. La experiencia y la nueva savia deben contribuir a la formulación de un nuevo programa político que supere dos problemas principales. En primer lugar, la elaboración de un conjunto de propuestas que realmente se puedan cumplir para no defraudar al pueblo con la generación de crecimiento y la abolición de la pobreza como metas ineludibles y estrechamente implicadas. La honestidad, la seriedad y la transparencia del programa han de ser absolutas, y creo que este ha sido uno de los grandes lastres de Unidos/Podemos, además de que tampoco ha sido la virtud del programa electoral socialista.

Y, en segundo lugar, cabe afirmar, con cierto riesgo, que no tenemos una propuesta territorial para la reforma del Estado que nos la compren los electores en España, ni en Cataluña, ni en el País Vasco. El problema es de una enorme magnitud, porque en el País Vasco y en Cataluña se vota de forma radicalmente opuesta a como se hace en el resto del Estado, lo que pone sobre la mesa una falta de comunión entre territorios. A la luz de la experiencia británica (Brexit), creo que van a quedar pocas ganas de la realización de actos de emulación. Y es posible que el Brexit también puede arrojar un resquicio de luz sobre el descalabro en el resto del Estado de Unidos/Podemos.

No pienso que los años venideros sean de polarización de la vida política española. El PSOE necesitará hombres y mujeres capaces de desarrollar el más alto espíritu de concordia, pero la más temible de las oposiciones. No podrán acostumbrarse a decir que no, pero al mismo tiempo deberán ser implacables con el adversario. Es posible que tras las elecciones del 20-d las estrategias hayan pecado de bisoñez, frente a un planteamiento más profesional de nuestros adversarios. Y esto puede explicar el fracaso del PSOE, de Unidos/Podemos y de Ciudadanos.

TOLERANCIA

El PSOE es un enemigo acérrimo de la crítica interna. Atrás quedaron los años donde estaba mal visto hablar bien de las ejecutivas en los Comités Federales o Regionales: si salías a hablar era para proponer y criticar. Y por cierto, cuentan que en el Comité Regional de Madrid te temblaban las piernas y la voz, por el alto talento que entonces reunía la organización socialista madrileña, que siempre ha sido decisiva, con sus votos, para gobernar en España. En estas últimas elecciones el PP ha ganado en 170 de los 179 municipios madrileños. El PSOE-M venció en Navarredonda y San Mamés, y se mantuvo en Orusco de Tajuña y Patones. Todo un récord. Hemos perdido hasta en Fuenlabrada. Y en el municipio de Getafe, donde gobierna la Secretaria General de Madrid, ya somos terceros.

El único ejercicio sistemático y bien fundamentado de crítica que reconozco a los socialistas es el de Miguel Sebastián, con su libro La Falsa Bonanza. Por supuesto, después de estas elecciones nada se ha dicho con fundamento de las causas de la derrota. Y sería altamente preocupante una nueva huida hacia adelante, como si aquí no hubiera pasado nada. Ya bien avanzado el recuento electoral, todavía se escuchaba la pamplina de la victoria de las fuerzas del cambio, incluso cuentan que el Secretario General estuvo a punto de salir con la coplilla, y que tuvo que ser frenado por algún veterano que tiene la cabeza sobre los hombros.

Sin la recuperación y la aceptación de la crítica interna jamás se construirá un Partido Socialista con capacidad de gobierno.

Y tampoco sin la más amplia reconciliación con los enemigos políticos dentro del propio PSOE. La unidad (que no la unanimidad) y la cohesión serán decisivas. Atrás deben quedar los tiempos en los que te alineabas con un candidato sencillamente porque tu enemigo interno se posicionaba con el otro. Estos vicios deben desaparecer, porque ahogan el talento y la propia vida de la organización. Con estas prácticas el PSOE se convierte en una organización sectaria, que se mira al ombligo, incapaz de juzgar las bondades o los defectos de los que concurren, inhabilitada para elegir a los mejores, tributaria de familias, capos y demás gentes de poco liderazgo emocional y de alta capacidad para el regate y la trampa.

La tolerancia será la clave para la reconstrucción del PSOE como la gran casa común de toda la izquierda. No parece que los ciudadanos admitan otra referencia, y en esa clave habría que leer la ausencia del tanta veces predicho y fracasado sorpasso. La persistencia en proyectos que no son alternativa de gobierno disgrega el esfuerzo de la izquierda. El mayor ejercicio de tolerancia será abrir la mano de nuevo a todos los que se han marchado, a los que han llegado pero no han escogido al PSOE, y a aquellos cuadros de la formación morada de gran valía y que pueden contribuir a forjar la nueva izquierda española. Méritos y talante, desde luego, deberán hacer y mostrar un nuevo equipo de líderes socialistas para tan compleja tarea.

TECNOLOGÍA

En la sociedad española del siglo XXI moviliza más un grupo de whassup que una Agrupación socialista. Se debate más, y con mayor libertad, en un grupo de whassup que en una Agrupación. El sistema de organización del PSOE, en definitiva, parece bastante obsoleto. Y en muchos casos conviene tener menos espacios físicos, pero más operativos y dinámicos, y liderazgos locales más abiertos y permeables, antes que guaridas donde acumular miserias. El salto del PSOE hacia el siglo XXI es, pues, altamente recomendable. Y la articulación de nuevas formas de participación, necesaria.

Junto a ello, el cara a cara, el roce, sigue siendo un instrumento de comunicación esencial. Los programas del Partido en sus más felices épocas se han construido de abajo hacia arriba. Los comprometidos socialistas de la sanidad, de la educación, de los servicios sociales, han trabajado con el pueblo en esos ámbitos, tejiendo redes de compromiso y vocación de servicio público de la que emanaban proyectos más arribas cribados y priorizados. Este sistema de trabajo parece haberse perdido, su recuperación es esencial, y generará nuevos afectos y renovadas pasiones, adaptándolo a los nuevos métodos de diálogo. La combinación es esencial. Incluso el reconocimiento de esas formas de participación y colaboración.

La ausencia del PSOE en los medios de comunicación es abrumadora. Lo que exige una completa revisión de las políticas de comunicación y de la relación con los diversos medios. No sólo es precisa una política de complicidad con todos los medios, sino que también hay que revisar su contenido, eliminando la superficialidad e insistiendo en los mensajes para el pueblo. Negando la impostura y afirmando la profesionalidad.

La viñeta de la semana es para JM Nieto. Yo no creo que Rajoy sea una persona normal, en el sentido que exageradamente apunta la viñeta. Simplemente es como es, un profesional. Y los otros han cometido más errores que aciertos, y han marcado unos perfiles que probablemente no se correspondían con los de las exigencias de la más alta dirección de un país. Será que Rajoy aplicó aquella máxima de Napoleón: cuando el enemigo se equivoca no conviene distraerlo. ¡Y sin hacer nada!

 

 

kap

La lectura de las primeras páginas del libro de Martha C. Nussbaum, Las emociones políticas (¿Por qué el amor es importante para la justicia?), me ha llevado de inmediato a la reflexión sobre Europa y la votación británica.

Dice la autora que todas las sociedades están llenas de emociones. Y apunta que toda sociedad necesita reflexionar sobre la estabilidad de su cultura política a lo largo del tiempo, y sobre la seguridad de los valores más apreciados por ella en épocas de tensión.

También nos recuerda que la cesión del terreno de la conformación de las emociones a las fuerzas populistas otorga a estas una enorme ventaja en el ánimo de las personas y hay un riesgo de que esas mismas personas consideren insulsos y aburridos los valores de las sociedades democráticas. Grandes líderes mundiales como Lincoln, Martin Luther King, Gandhi entendieron la necesidad de llegar al corazón de la gente e inspirar fuertes emociones sobre la tarea inmensa que se debía emprender. Y recalca Nussbaum que todos los principios políticos, tanto los buenos como los malos, precisan apoyo emocional para su estabilidad a lo largo del tiempo, y todas las sociedades decentes tienen que protegerse frente a la división y la jerarquización cultivando sentimientos apropiados de simpatía y amor.

Una sociedad que aspire a la justicia y la igualdad de oportunidades para todos debe realizar dos tareas para cultivar las emociones. De un lado, crear un compromiso fuerte con proyectos valiosos que requieren esfuerzos: la redistribución social, la inclusión de los grupos marginados, la tutela del medio ambiente, la ayuda exterior y la defensa común. Y, de otra parte, mantener bajo control, como dice Nussbaum, las tendencias a proteger nuestro frágil yo denigrando y dominando a otras personas. El asco y la envidia provocan graves daños, particularmente cuando son la guía para hacer las leyes.

Una sociedad que se mantenga unida solamente sobre la base de la adhesión a un compromiso coyuntural, útil instrumentalmente, no permanecerá estable por mucho tiempo.

Visto la anterior, cabe apuntar además que la sociedad europea no es un don innato, sino una construcción: se va haciendo y deshaciendo, y rehaciendo, a lo largo de su historia. Si ha de existir una nación europea en el futuro será porque se hará, se tratará de una empresa, que saldrá bien o mal.

Y teniendo presente la evolución de los asuntos europeos durante los últimos diez años, cabe preguntarse: ¿Cuál es el modelo de sociedad europea? ¿Cuáles son los valores que lo inspira? ¿Quiénes formulan y difunden esos valores? ¿Dónde están sus líderes? ¿Dónde están las políticas activas para difundir los valores europeos?

No se debe acusar a los británicos de romper Europa con argumentos simplistas como que el Brexit es (1) la reacción liberal a la burocracia y a la rigidez europeas; (2) se trata del descontento con la evolución económica; (3) es la consecuencia de la austeridad; (4) Europa nos roba; (5) es fruto de la desigualdad (Vid. el desarrollo de la argumentación en el artículo de Miguel Sebastian) .

Antes al contrario, estamos ante un problema de proyecto, de compromiso, y de salvaguardia de las emociones por Europa.

Peridis

El domingo 26 de junio de 2016 se celebran unas Elecciones Generales que nunca debieron repetirse porque el pueblo habló alto y claro. Y tengo la firme convicción de que quienes recibieron en las urnas el mandato histórico de establecer las bases para un nuevo gobierno con unas nuevas políticas han errado el diagnóstico.

Las nuevas Elecciones plantean al electorado de izquierdas una decisión muy importante. Se trata de alterar el mapa de hegemonía política en ese ámbito, o dejarlo como el pueblo lo configuró tras las primeras Elecciones democráticas.

Creo que hay poderosas razones para no apoyar en la contienda por el espacio político de la izquierda a Unidos Podemos.

No aceptaría, directa ni indirectamente, ni un sólo euro de Venezuela o Irán para hacer cualquier clase de actividad. Me parece éticamente inaceptable porque son regímenes políticos donde se vulneran los derechos humanos, y en el caso de Irán con resultado de muertes. Este asunto exige una aclaración seria, que no se ha producido, y sobrepasa con creces los “pecadillos” de juventud revolucionaria que cada uno pueda tener y que cabría ignorar. Con ello no afirmo que exista financiación ilegal de Podemos. La base electoral de Podemos supera, con creces, la catadura ética de sus principales líderes. Y cabe esperar que en un futuro inmediato se produzca un relevo sensato en consonancia con la categoría de sus electores.

He leído el original catálogo de IKEA. Contiene un programa político de máximos que es irrealizable en la España de hoy, por lo que el Gobierno que lo aplicase sería sometido a un referéndum revocatorio por incumplimiento del programa electoral, por seguir con la filosofía política del texto: ¡paradojas! Aunque no sé muy bien si estas cosas importan en España, acostumbrados como estamos a los incumplimientos electorales. Parece que la confianza del electorado no se dirime por lo que se dice en los programas. No debiera ser así. Y por eso me centro en algunos aspectos nucleares del programa de Unidos Podemos.

El problema es que se promete un muy alto gasto público y no resulta claro que se pueda pagar como dicen. La lucha para la abolición de la pobreza es una prioridad absoluta, pero creo que sólo hay que prometer lo que se puede dar, porque en el caso de que se falle a la gente el descrédito es para la izquierda en su conjunto. Y parece ilógico que se prometan grandes prestaciones públicas cuando la realidad europea compromete a España no precisamente en ese sentido. No voy a hacer más polémica al respecto. Sólo una sugerencia. Como pasa en otros países, debería existir una autoridad estatal que valorase la viabilidad económica de los programas de los Partidos Políticos, y emitiese su opinión. Así, el electorado dispondría de una herramienta más de información para formar su criterio.

Es sorprendente que el programa carezca de medidas tajantes de lucha contra los daños que provoca la cartelización de la economía a los ciudadanos, y la correlativa ausencia de competencia. Aparte de alguna declaración retórica sobre el oligopolio eléctrico, poco más he leído. Y en este ámbito es preciso ser bastante más audaz. Así, la tipificación penal de las conductas más graves, la lucha contra las ayudas públicas, el reforzamiento de la autoridad de competencia y la lucha global contra las conductas que eliminan la competencia a escala global.

Hay mucha demagogia y brindis al sol. Que si la tasa tobin, que si un impuesto global a la riqueza, que si la reestructuración de la deuda española, que si van a terminar con la austeridad fiscal y laboral. Bla, bla, bla. Y después, la retahíla de verborrea electoralista sobre el TTIP. Con sensatez, un acuerdo de comercio con EEUU no es per se malo. Habrá que estirpar los elementos perversos y promover los favorables. En términos de bienestar, hechas las sumas y las restas, el TTIP significa prosperidad para España y Europa.

Y finalmente, la previsión de la consulta catalana es ilegal. Así de claro. Repásense la jurisprudencia constitucional, que dice nítidamente que el Estado puede pactar con Cataluña –o con cualquier Comunidad (yo como andaluz también quiero)– lo que quiera, pero respetando las normas y procedimientos previstos en la Constitución. De manera que para hacer un referéndum en Cataluña antes hay que preguntar al pueblo español, para que emita su opinión. A mi no me gustaría pasar a la historia como el responsable de volar por los aires el principio de soberanía nacional.

Así las cosas, el programa de Unidos Podemos es una bomba de relojería para la izquierda en España. Esto no va de gobernar Comunidades, Ayuntamientos o Diputaciones. Se trata del Gobierno de España. No se debe prometer lo que no se puede, porque la frustración de la población será inmensa. Y ese camino, en esta ocasión, no tendrá retorno. Esta no es una izquierda inocente, a la que se pueda disculpar, viene precedida de una inmensa polémica, y no genera grandes adhesiones ni unanimidades en la sociedad española. Pero como decía, el precio a pagar por la decepción es altísimo para toda la izquierda española.

Razonablemente, considero que también en el ámbito de la izquierda, hay posiciones más sensatas, más centradas y más acordes con la realidad del país, sin olvidar que son programas electorales, y ya se sabe. El electorado tiene la última palabra.

 

 

 

 

 

sisenando

La semana pasada escribía algún apunte sobre la falta de vocaciones políticas, y hoy añadiré algunas otras razones que pueden explicar esa ausencia de voluntad de dedicar espacios de tu vida a la esfera pública.

España necesita reformas de calado, pero no olvidemos que es un gran país con una sociedad civil muy dinámica, llena de grandes profesionales, y un aparato estatal que funciona como el mejor de los relojes, gracias también a sus trabajadores y funcionarios.

Ya he dicho en alguna ocasión que la situación política actual está provocando graves apatías, y genera una extraña sensación de bienestar ante la ausencia de gobierno.Tal es la distancia entre la sociedad y sus políticos, y su absoluta superioridad, lo que indica que España, en el ámbito político, carece de líderes.

Pero no se ponen remedios para evitar esta situación. Si alguien intenta acudir a la política para aportar un grano de arena a su país tropieza con serias dificultades. La primera es la debilidad del Estado de Derecho.

A las primeras de cambio, te puedes convertir socialmente en un delincuente común dada la facilidad para que tus adversarios te interpongan una querella, te denuncien y te investiguen, o para que se difundan informaciones inexactas o interesadas que ponen en duda tu honorabilidad.

A partir de ese momento sufres la desconsideración social y te aplican pena de telediario. Esto si no llegan “cien señores” a tu trabajo, o a tu casa, y “en directo”, te detienen, te esposan, y te meten a empujones en un vehículo.

Los más escrupolosos de tus correligionarios te tratarán como un apestado, y hasta te pueden expulsar del Partido, si antes no has tenido a bien marcharte porque sabes la que se te avecina. Ignoran que con tales actitudes hacen crecer la bola de nieve, que pronto les puede tocar a ellos, y sobre todo que alimentan una gran desconfianza hacia la organización de su propia militancia.

La gran tragedia de todo esto es que, en muchas ocasiones, no en todas, las querellas, las denuncias, las investigaciones y las informaciones son falsas, erradas, o interesadas, hechas sin fundamentos y con escasos conocimientos técnicos. Pero, ¿quién te quita la pena de telediario si eres una persona de honor o inocente?

Esta situación es alarmante y requiere una afirmación absoluta del Estado de derecho, de sus garantías y de la libertad de los ciudadanos. Es verdad que habrá que castigar a los malhechores. Pero no es menos cierto que un sólo fallo del sistema echa por tierra su entera credibilidad. Y me temo que van ya muchos errores, y muchas condenas de telediario rematadamente injustas. Es necesario un alto en el camino y una reflexión sensata sobre este punto.

Una segunda dificultad relevante son las limitaciones profesionales que impone el paso por la política. Si te dedicas a la política te obligan (o te incentivan) en muchos casos a abandonar tu profesión. Bien, puede estar justificado cuando ocupas las más altas responsabilidades de gobierno o políticas, pero no en todos los casos. No conviene “desprofesionalizar” a la gente porque después tienen difícil retorno a la vida social y quieren vivir de la política, generando unas dinámicas insanas y unas frustraciones enormes porque, más tarde o más temprano te acaban sustituyendo, o echando, según se mire. Y entonces preguntan: ¿y ahora mis hijos de qué van a comer?

Una pequeña digresión. Estos vicios arrancan desde bien temprano, porque a los jóvenes militantes se les ha animado a que hagan carrera en la política. Son gente extraordinaria y de mucha valía, que hacen sus carreras universitarias, o no, y como demuestran en sus quehaceres y discursos mucha frescura, se les ficha y anima para avanzar y dedicarse a la política, con grave perjuicio posterior para ellos porque carecen de otra profesión que no sea la política. El error no es de ellos, sino de sus mayores, que por acción u omisión han promovido o consentido estas situaciones.

Esta penosa situación es potenciada por los demagogos con sus discursos excesivos, como el de las “puertas giratorias”, o el de las “castas”. El otro día la prensa acusaba a un ex Presidente de un organismo regulador de hacer “puerta giratoria” porque después de cumplir su cesantía se había incorporado a un despacho de abogados para hacer lo que ha hecho durante buena parte de su vida. ¡Condena de ostracismo se merece el hombre!

O a la inversa, si eres militante de un Partido no puedes pertenecer a “organismos independientes”. Parece que la militancia contamina tu capacitación técnica o profesional y estirpa tu independencia de criterio. ¡Otra estupidez más!

Y una tercera dificultad de no menor importancia consiste en el escaso funcionamiento democrático de los Partidos Políticos y en el mejorable funcionamiento del sistema electoral. De estos asuntos me he ocupado bastante en este blog, y no voy a insistir mucho más. Las estructuras democráticas de los Partidos animan a la participación, mientras que los cotos privados la desalientan. La responsabilidad directa del diputado ante su elector fomenta la participación en política, la sumisión a la cúpula de un Partido para ser diputado la desanima.

Pero, visto lo visto, el remedio sólo puede venir de la mano del desarrollo de la Constitución con una legislación de apertura de la democracia en los Partidos, implantando un sistema de primarias para todos, y con una reforma de la Ley Electoral.

En suma, la política es una actividad de desmesurado riesgo personal por la debilidad del Estado de Derecho y de sus garantías; plantea tan importantísimas limitaciones profesionales que más vale borrar del curriculum que has dedicado algún espacio de tu vida a esta honorable labor; y sus instrumentos y el sistema de representación son manifiestamente mejorables desde el punto de vista democrático.

Con estos antecedentes: ¿hay incentivos para que los mejores se dedique a la Política?

La viñeta de esta semana es de JM Nieto. La rata pide a Sisenando que abra la puerta porque llegan en naves vikingas y en son de guerra los que dicen ser socialdemócratas. Merecerá una reflexión la próxima semana.

 

 

 

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Hace unas jornadas, una Asociación de Estudiantes de la Universidad Carlos III de Madrid organizó un debate sobre el futuro del socialismo. El ponente era Antonio Carmona, y la Asociación que preparó el evento consiguió llenar el Salón de Grados de la Universidad.

Me pidieron que dijera algunas palabras sobre el papel del Psoe en Getafe, y lógicamente hice un breve repaso de los grandes logros de la ciudad bajo la dirección de Pedro Castro, el Alcalde de la ciudad, y sus equipos de concejales. La escritora de Ávila dijo que “hasta en los pucheros está el Señor”, y el gran mérito de los socialistas era saber estar hasta en el más mínimo detalle y en la más pequeña de las necesidades de los ciudadanos de Getafe.

Los socialistas trabajaron con la firme voluntad de transformación de la ciudad, y fueron hasta el límite de lo posible, asumiendo riesgos, adoptando decisiones, planificando y soñando la gran ciudad en la que convirtieron a Getafe.

Por eso le dije al final de mi intervención a Antonio Carmona que sentía arruinarle su charla sobre el futuro del socialismo, ya que éste era hacer lo que hacía Pedro Castro, sus concejales y los hombres y mujeres socialistas de Getafe: “el método Castro”, concluimos entre bromas y veras.

Echo de menos a estos hombres y mujeres en la política española actual. Cabe añorar ese compromiso con lo cotidiano y con el futuro, esas ganas de asumir riesgos y dejarse la piel en el empeño transformador, que es la auténtica vocación política.

Parece que ahora vivimos otra etapa diferente. Se trata de pasar por la gestión sin que se note, sin que nada te salpique, moverse lo imprescindible, vivir el presente, exprimir la rentabilidad máxima del momento, pero, ay, si hay que apostar con riesgo para transformar, nada mejor que ponerse de perfil, no vaya a ser que algo salte y emborrone las ambiciones mayores.

El resultado es la gestión sin proyecto y sin futuro, la mediocridad y la falta de preparación de nuestras ciudades para desafiar los retos del futuro.

Hoy no están los mejores, como antes, y merece la pena que hagamos una reflexión colectiva. ¿Qué sucede en la política española que no genera los incentivos necesarios para que la gente reserve espacios de su vida para la prestación de un servicio público?

Recuerda, dice El Roto, ¡frases simples, e ideas subordinadas!

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